
La discusión por los “naranjitas” en Córdoba acaba de entrar en una nueva etapa explosiva. El intendente Daniel Passerini confirmó que, a partir de la nueva regulación impulsada por el municipio, ya no se permitirá que personas exijan dinero en la calle para “cuidar” vehículos en la vía pública. La frase cayó como una bomba en medio de uno de los debates más calientes que atraviesa actualmente la ciudad.
“No habrá más cuidacoches. Nadie deberá pagar para que le cuiden el auto”, aseguró el intendente durante una entrevista en medios cordobeses, donde defendió el nuevo esquema que busca transformar el sistema de estacionamiento urbano y avanzar sobre una problemática que desde hace años genera fuertes reclamos vecinales.
La polémica creció todavía más porque la decisión llega apenas días después de que el arzobispo Ángel Rossi recibiera a grupos de cuidacoches dentro de la Catedral de Córdoba en un encuentro que fue interpretado como un fuerte gesto político y social. Allí, la Iglesia planteó que no se puede “criminalizar la pobreza” y pidió abordar el problema desde una mirada social y laboral.
Mientras tanto, desde el municipio sostienen que el nuevo sistema apunta a recuperar el control del espacio público y terminar con situaciones de aprietes, amenazas y cobros compulsivos denunciados por automovilistas en distintos puntos de la capital cordobesa. La nueva ordenanza impulsada por el oficialismo plantea un esquema regulado donde desaparecería la figura tradicional del “naranjita” y se avanzaría hacia otro modelo bajo supervisión municipal.
La discusión ya provocó un terremoto político dentro del Concejo Deliberante. Sectores de la oposición aseguran que el proyecto es apenas un “maquillaje” que en realidad terminaría legalizando a parte de los cuidacoches mediante cooperativas y nuevos nombres administrativos. Otros, en cambio, apoyan la medida y consideran que Córdoba necesita recuperar las calles y poner fin a un sistema que muchos vecinos denuncian desde hace años.
En redes sociales, el tema explotó rápidamente y volvió a dividir a los cordobeses. Mientras algunos celebran el endurecimiento contra los cuidacoches, otros remarcan que detrás del conflicto existe una crisis social cada vez más profunda, con miles de personas sobreviviendo en la informalidad y sin oportunidades laborales reales.
Por ahora, el escenario sigue completamente abierto. Entre la presión de vecinos, el respaldo de sectores políticos, la intervención de la Iglesia y la tensión social que atraviesa Córdoba, la pelea por el futuro de los “naranjitas” promete seguir ocupando el centro de la discusión pública durante las próximas semanas.